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lunes, 18 de marzo de 2013

La fuerza del corazón


Los sentimientos son una poderosa realidad humana que nos impulsa a amar,  a odiar y a realizar las cosas más increíbles que tal vez solo en sueños lo pudimos imaginar.
Constantemente nos dejamos llevar por la fuerza del corazón; por esos latidos que se aceleran tan solo al imaginar a la persona que ha entrado en nuestra vida, o cuando estamos cerca de lograr aquella meta por la que hemos luchado por mucho tiempo.
La emoción nos libera de la monotonía en la que vivimos, recordándonos que somos más que mente y cuerpo vagando por ahí, y que nuestros sentimientos son  los brebajes que bullen en nuestro interior, abriéndonos o cerrándonos las puertas de la felicidad.
Los sentimientos son las armas más poderosas que tenemos en nuestras manos, y aunque muchos lo crean, no se contrapone a la razón. El secreto es encontrar un equilibrio que nos permita liberarnos sin dejar el cause por donde nos lleva la conciencia.
Si lo trasladamos a las relaciones de parejas, se puede resumir en lo siguiente: Si crees que empiezas a enamorarte de alguien que jamás coincidirá con tus valores o tu forma de ver la vida, entonces da un paso atrás antes que sea demasiado tarde. En este punto la fuerza del corazón no radica en aferrarse a aquello que sabes te hará sufrir, sino en la capacidad que tengas de dejarlo ir.   
En cuanto a tus metas siempre podrás encontrar un atajo o un colchón sobre el que puedas pararte, pero si centras tu pasión por aquello que se ha convertido en parte de tus sueños, no caerás jamás en trampas ni te engañarás con falsos triunfos, porque la fuerza de tus sentimientos no te lo permitirá. Te obligará a ser honesto y querrás saborear cada triunfo en el camino hacia el éxito.
Pero hay veces que la fuerza del corazón se mueve por el rencor y la venganza, y es capaz de llevarte por caminos insospechados. La razón te grita que obras mal, pero encuentras excusas y miles de motivos para justificar tu proceder. Haces daño y quieres devolver cada sufrimiento, y si no logras reflexionar a tiempo, puedes llegar a matar, pero no en nombre del amor, como todos lo gritan dentro de un penal, sino en nombre de esos sentimientos que no quisiste frenar.
Somos leña y fuego, arcilla y agua; un poco de todo y un poco de nada. Tenemos un corazón que siempre nos habla y nos previene, pero al que a veces no queremos escuchar, porque la adrenalina de lo prohibido es más fuerte.
Siempre podemos decidir y poner en una balanza qué es lo más importante, si aquellos sentimientos que dan luz  a nuestros días, o los que se vuelven contra ti a través de sombras y culpas que poco a poco te roban la paz y las ganas de vivir.
Pilar

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